IMPORTANTE: Esta columna la enviamos a CONICYT-EXPLORA COQUIMBO y fue publicada en su sitio web hoy 3 de Agosto del 2017. Le agradecemos enormemente a su equipo por la buena onda, compromiso y tremenda disposición mostrada hacia nosotros. Ha sido un gusto trabajar con ellos. Aquí podrán ver el artículo original en su página web, tómese el tiempo y dele una visita, ¡ya que el sitio es excelente!

(imagen tomada de http://www.instructables.com)

A continuación, texto extraído de http://www.explora.cl/coquimbo

Soy una convencida de que quienes nos dedicamos a la investigación tenemos el deber de compartir lo que hacemos con el resto de la población, en especial si nuestras investigaciones han sido financiadas con fondos públicos, es decir, los impuestos que salen de su bolsillo todos los meses. Y con esto no me refiero solamente a las aplicaciones visibles de lo que hacemos, sino que también a contarle al resto de la población sobre el trabajo que hay detrás de cada uno de nuestros avances y el cómo el trabajo científico está presente prácticamente en todo lo que nos rodea (nótese que con “científico” me estoy refiriendo a colegas investigadores de todas las áreas, y no exclusivamente a quienes trabajamos de delantal blanco, como erróneamente se suele asociar).

En este ámbito, creo que en la comunidad científica hemos recibido con mucho regocijo el que cada vez existan más medios que le estén dando espacio a las ciencias, incluso en portadas de periódicos, cosa que antes era impensada. Nos alegramos que se le esté tomando el peso de a poco a la importancia que reviste el trabajo científico para nuestra vida diaria y para el país.

Pero al mismo tiempo, no podemos sino agarrarnos la cabeza a dos manos cuando, en paralelo, varios medios de difusión masiva dedican espacios importantes para darle cabida a charlatanes que, por usar delantal blanco o manejar un par de palabras técnicas, pretenden hacer creer que las ideas que difunden tienen un sustento científico. Y es que da para todo: entrevistas en TV a personajes que dicen predecir terremotos o que aseguran que el cáncer se produce principalmente por una acumulación de odio; notas en la web acerca del supuesto origen conspirativo del VIH y de cómo este virus nunca habría existido. Para qué hablar de la supuesta relación vacunas-autismo y del consumo de leche que causaría una serie de calamidades.

En lo personal, tengo la impresión que a ratos tendemos a relativizar los conceptos de “tolerancia” y “libertad de expresión”. Si bien cada uno es libre de pensar lo que quiera y los medios tienen la libertad de mostrar lo que estimen pertinente, siempre me cuestiono dónde está el límite entre esa libertad de expresión y las ideas que claramente pueden atentar en contra de políticas públicas y nuestros idearios que tengamos como sociedad, en especial en temas de salud. Los científicos nos basamos en los datos, en lo que seamos capaces de medir y cuantificar, de forma que otros lo puedan reproducir. Por ende, si algo no es comprobable, es mera especulación.

Para ilustrar este punto, de aquí en adelante voy a enfocar la discusión en investigación científica en salud humana. Cuando discuto estos temas mi argumento es siempre el siguiente: si Ud. quiere gastar dinero en una terapia o un producto milagroso que promete curarlo de sus dolores de cabeza, artritis, asma, callos en los pies, insomnio y todos los males de la humanidad, excelente. Si Ud. se va además se va a sentir bien con eso, mejor aún. Pero Ud. tiene el derecho a saber antes que esa terapia o producto muy probablemente no tiene un sustento científico. Ese es siempre mi punto, cada uno puede hacer lo que estime pertinente con su salud pero, así como tenemos el derecho de saber sobre los efectos secundarios de un tratamiento médico al que nos estamos sometiendo, tenemos el derecho de saber si lo que nos están prometiendo ha sido sustentado y evaluado por expertos en la materia o no.

En este ámbito, si bien creo que es muy poco probable que alguien se muera por colocar algunas piedras de cuarzo en su cuarto o encender velas como parte de una terapia, lo que me preocupa en verdad es cuando se decide ignorar los avances médicos y científicos y optar por algo que se nos vende como más “sano” por ser “natural” pero que no tiene un respaldo serio que lo avale. Me preocupa ver, por ejemplo, que la revista “El Guardián de la Salud” haya organizado una charla anti-vacunas con “expertos” en la materia el pasado 23 de Julio en la ciudad de Santiago. Me pregunto si entre los asistentes al evento alguien habrá hecho el análisis de preguntarse cómo es que se logró que, por ejemplo, en Chile sea poco común escuchar hoy en día de enfermedades que antes eran tan comunes y mortales como la poliomelitis. Me pregunto si los asistentes a este evento estarán al tanto de los brotes de sarampión que están comenzando a producirse en diferentes países alrededor del mundo,-como por ejemplo en Alemania, en donde sólo en Abril ya habían más de 300 casos que representan más que todos los registrados en ese país en todo el 2016- y que han sido en parte producidos por padres que han decidido no vacunar a sus hijos. Justamente, por esto países como Francia, Italia, Australia, y, prontamente, Alemania, han tomado fuertes medidas en contra de los padres que incurran en este tipo de irresponsabilidades.

En lo personal, me genera un poco de ruido el que por un lado se impulse la legislación en pro de mejoras en la calidad y entrega de salud y por otro lado algunos medios le den cabida a discusiones que se basan en cualquier cosa menos en fuentes serias y opiniones de expertos.

Un punto en contra de mi línea argumentativa es que el Estado no tiene por qué coartar lo que los medios publiquen, sea lo que sea, ya que el campo de acción de éste se limita a garantizar los requerimientos mínimos de, en este caso, salud de la población. De esta forma, los individuos tienen el derecho a informarse en cualquier fuente acerca de estas materias y luego tomar sus decisiones en base a sus convicciones y conocimiento: Y he aquí el que creo este es justamente el talón de Aquiles que como comunidad científica tenemos actualmente en Chile a la hora de pretender dar a conocer nuestros avances y tratar de que estos sean incorporados por parte de la ciudadanía…EL CONOCIMIENTO.

Yo me pregunto, ¿si el grueso de la población en nuestro país no tiene los conocimientos mínimos en materia de ciencia y tecnología, cómo pretendemos entonces que tenga las herramientas para poder juzgar críticamente si lo que se le presenta tiene sustento científico o es mera especulación? Si cree que exagero con este punto, le invito a revisar la “Encuesta Nacional de Percepción Social de Ciencia y Tecnología” que CONICYT (y que también comentamos aquí) dio a conocer en Julio del 2016. Los resultados, a mi juicio, fueron devastadores. Si bien una parte importante de los encuestados parece entender que el desarrollo científico es algo importante para el país y el bienestar individual, no parece comprender el por qué y se denota un desconocimiento importante del trabajo científico. Es más, no puede dejar de llamar la atención de que si bien el 53.3% de los encuestados cree que “lo único cierto es lo que se puede comprobar”, entre un 50-65% explicaría de forma sobrenatural algunos hechos de la vida diaria.

Y es aquí en donde comienzan los cuestionamientos. ¿Se debería mejorar la formación científica y la promoción del pensamiento crítico en los colegios? Definitivamente ¿Tiene el Estado que impulsar más la divulgación del quehacer científico a todo nivel en la ciudadanía? No podría ser más necesario ¿Deberían los parlamentarios asesorarse con expertos en la materia a la hora de debatir temas, como por ejemplo, de orden científico y tecnológico, desarrollo social y económico? Totalmente ¿Y qué hay de los medios? Por ejemplo, el Artículo Cuarto de la Declaración de Principios de ANATEL señala que las funciones de la TV son “informar, formar y entretener”, por ende ¿debería la TV aumentar el número y calidad de sus espacios, tanto en la parrilla programática como en los noticieros, destinados a promover el acercamiento del conocimiento científico a la población? Urgentemente, la TV y los medios de comunicación en general.

Sin embargo, creo que falta una arista en este cuestionamiento: LOS CIENTIFICOS. Y es que creo que como comunidad científica hemos hecho muy poco por tratar de promover nuestro trabajo más allá de los artículos que publicamos y que sólo nosotros entendemos y las conferencias a las que vamos nosotros mismos. Me parece que estamos en un momento histórico crucial en este sentido, ya que de no tomarle el real peso a la materia, la denominada era de la “posverdad”, con todas sus conspiraciones e ideas con dudoso sustento, que crecen como bola de nieve en las redes sociales, se nos va a venir encima. Creo que tenemos que comenzar a levantar más la cabeza de nuestro quehacer científico diario y enfocarnos más en el contexto social en que se desarrolla y, en especial, el fin último de nuestro trabajo que es humanizar más nuestra labor y acercarla a la población y a los políticos. De lo contrario, no podemos esperar que lo que hacemos se convierta en un aporte real a la ciudadanía ni menos que podamos contar con un mejor y mayor sustento económico en nuestras investigaciones.

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