Primero me gustaría aclarar que con “doctor o doctora” me refiero al significado real de esa palabra, es decir a quienes han obtenido el grado máximo que da la Academia (los otros dos que entrega la Academia son licenciatura y magíster) y no al uso común que se le da a esa palabra para referirse a profesionales del área de la salud. También aclarar que si bien Doctor y PhD (Doctor of Philosophy) no son técnicamente lo mismo, en la práctica estos términos se usan indistintamente. Países como Australia aún hacen esta distinción, entregando el grado de PhD a quienes hicieron un programa enfocado 100% en investigación y el grado de Doctor a quienes hicieron un programa que consistió en cursos y una tesis más corta que abarca poco más de la mitad del programa.

Si bien el número de doctoras y doctores chilenos formados en Chile y en el extranjero crece año a año, el número de fondos de investigación para postular y puestos de trabajo para insertar a este grupo no, o al menos no a la tasa que se necesita. Sólo por dar un ejemplo, este año el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT), adjudicó sólo el 28% de los proyectos que postularon al concurso de FONDECYT Regular, el más importante de la ciencia chilena, lo cual representa una caída enorme considerando el 56% de aprobación del año 2013. Algunos se preguntan si un país pequeño como Chile, con un crecimiento económico mesurado en la actualidad, necesita los 8.568 doctores que se estima habrán para el año 2018. Hay quienes postulan que nuestro país debería dejar de formar doctores por un tiempo hasta que se equilibre la balanza del número de doctores versus capacidad de inserción laboral. Pero, a mi juicio, esa solución no puede estar más equivocada.

Número de investigadores por cada 1000 empleados (2015). Fuente: Main Science and Technology Indicators, OECD.investigadores-OECD2

El campo laboral de los doctores en Chile no se incrementará sólo aumentando el número de fondos concursables para investigar, esa es una mirada muy restringida del fenómeno y de lo que estamos preparados para hacer los doctores.

En lo personal he tenido la oportunidad de vivenciar en forma directa cómo es la realidad de los Doctores en países desarrollados. En Australia por ejemplo, un Doctor no sólo trabaja en investigación ligada a la academia, que es lo más común en Chile, sino que también en instituciones públicas y privadas, en empresas, hospitales, etc etc, en donde esos “etc” también incluyen a colegios, SI, COLEGIOS. Esto último me llamó poderosamente la atención y no es para nada inusual (como lo sería en Chile para alguien que haya estudiado por muchos años para obtener su grado de Doctor) y no implica un descenso en la carrera o “estatus profesional” (el pobre estatus que se le da a quienes educan a las nuevas generaciones en el aula es un tema en que tenemos mucho que hacer en Chile…), todo lo contrario, esta SI es una opción laboral. Muchos doctores postulan y realizan estudios de capacitación (por alrededor de un año) para poder desempeñarse como docentes en colegios. Ahora si, hay un pequeño detalle, en países como Australia, se le da una gran importancia a la labor docente en etapa escolar, lo que se traduce en buenos salarios, pero eso es tema de otra discusión.

En el caso de Alemania, si bien los investigadores tienen que competir mucho para obtener fondos para financiar sus proyectos (considerando además que se compite con científicos de, literalmente, todo el mundo), también es una opción real insertarse en la industria, empresas privadas y públicas. Ya sé lo que algunos deben de estar pensando al leer esto…claro, los países que estoy nombrando son industrializados y por ende, sí o sí, necesitan más doctores que Chile en las áreas que nombro, no se puede comparar. Si bien comparto este punto, por otro lado, a mi juicio, esto pasa por un tema de mentalidad. ¿A qué voy con esto? A que en estos dos países que les he dado de ejemplo, el mundo público y privado parecieran estar tomados de las manos, las colaboraciones entre ambos están a la orden del día. Es más, las Universidades e Institutos tienen toda una maquinaria para la captación continua de fondos por parte del mundo privado y establecimiento de acuerdos de cooperación. Por ejemplo, es muy común que estas instituciones realicen cenas, galas o charlas abiertas para acercar a la comunidad al trabajo científico, para que la población valore su importancia y lo relacione con su entorno.

Con respecto a este último punto, en Chile aún tenemos muchísimo por hacer. El año pasado comentamos en este sitio un estudio que realizó CONICYT acerca de la cultura científica de los chilenos. Los resultados son devastadores: si bien una parte importante de la población parece comprender que es relevante el trabajo científico, se desconoce realmente el por qué. La mayoría de los chilenos parece no relacionar años y años de trabajo científico con todo lo que nos rodea (como por ejemplo, la pantalla en donde está leyendo esta nota). Basta sólo con encender el televisor para ver que mucha gente pareciera confiar más en adivinos que dicen predecir terremotos o en “doctores¨ que aseguran que enfermedades como el cáncer se explican por el odio acumulado de las personas, que en hechos cuantificables y reproducibles. Peor aún, basta con darle una mirada a las redes sociales para darse cuenta de la cantidad ENORME de gente que asegura que los científicos “cerramos nuestras mentes¨ al no abrirnos a “ciencias alternativas” (sin detenerse a pensar que “quizás” sí hemos estudiado estas tendencias, como la homeopatía, y hemos comprobado de que no funcionan) o que todos estamos financiados y comprados por las farmacéuticas. Si bien creo que el Estado chileno ha dado pasos importantes en acercar el trabajo científico a nuestro día a día, aún tiene una deuda enorme en este sentido en materia educacional y comunicacional. Sin embargo, también soy bastante autocrítica de nuestro desempeño comunicacional como científicos, el cual creo es, por decirlo menos, paupérrimo. Esto último, de hecho, es la inspiración para sacar adelante este proyecto, Incandescente Enciende Tu Mente, ya que estamos convencidos de que los científicos no sacamos NADA con publicar artículos e ir a conferencias y contarnos entre nosotros qué hacemos, si no somos capaces de explicarle al resto de la población por qué lo que hacemos es importante, por qué es fundamental para su día a día y por qué deberían invertir sus impuestos en nuestro trabajo. Creo que si el Estado y la comunidad científica no logra acercar nuestro trabajo a la población, difícilmente se logrará una mayor inserción laboral y que se entienda el por qué es importante de que Chile forme más y más doctores.

doctores según empleo principal
Fuente: Principales Resultados Proyecto CDH, Año de Referencia 2014. Encuesta Trayectoria de Profesionales con Grado de Doctor Residentes en Chile, Abril 2016. Ministerio de Economía, Fomento y Turismo.

¿Qué podemos aprender de la experiencia de los países desarrollados en este sentido? MUCHO. Se estima que en Chile el mundo privado absorbe el 9.8% (esta cifra no considera universidades privadas) y el Estado el 4,7% de los doctores, es decir, LA NADA. A mi juicio, estas cifras son para llorar: estamos generando un enorme y valiosísimo capital, pero ¿qué estamos haciendo con él? ¿a qué le tememos, a la INNOVACION, A LOS CAMBIOS? ¿a que llegue gente joven con nuevas ideas y miradas y nos quiten nuestros puestos de trabajo? Creo que aquí hay un punto que es central: ¿POR QUE LA INVESTIGACION NO SE VE COMO UNA INVERSION? ¿Responderá esto a una visión corto-placista, en que preferimos seguir gastando más dinero en comprar siempre un producto más caro y conocido desde afuera que en crear productos más adaptados a nuestra realidad nacional y que a la vez permitan posicionar a Chile como una potencia en la creación de investigación y desarrollo en ciertas áreas?

Y con esto último vuelvo a la idea inicial de esta columna. Cuando hablamos de “científicos” o “investigadores” la mayoría de la gente tiende a pensar inmediatamente en gente de delantal blanco (y mayoritariamente hombres…) y se olvida por completo de los expertos de otras áreas, incluyendo, lengua, lenguaje, arqueología, musicología, educación, economía, mecánica, ciencias veterinarias, historia, arte, sólo por nombrar algunas. Como decía más arriba, prácticamente TODO lo que nos rodea responde a años de investigación científica. Sólo piense en cómo se diseñó el sistema de la lata de bebida que acaba de abrir, en los textos escolares de sus hijos, en su nueva televisión, auto, la pastilla para el dolor de cabeza que se tomó, etc. Chile tiene un enorme potencial de científicas y científicos en TODAS las áreas que se pueda imaginar. Por ende, ¿se imagina Ud. cómo sería nuestro país y su vida diaria (sí, SU día a día) si se diera más cabida a quienes tenemos un fuerte entrenamiento y experticia en áreas específicas para que pudiésemos influir más en decisiones que, muchas veces, responden solamente a criterios políticos y económicos? ¿Se imagina Ud. que políticas públicas que han sido muy mal evaluadas por la ciudadanía en su implementación hubiesen considerado más la opinión de expertos en su diseño?

Finalmente, creo que SI, Chile sí necesita más y más doctores, pero también, que de una vez por todas, el estado y el mundo privado, le tome el real peso a la contribución que podemos hacer en todas las áreas de desarrollo social y económico, y que no somos un gasto o un número para subir en las estadísticas y rankings, sino una inversión.

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