Para quien escribe, el año que termina fue interesante (una descripción de una pintura que lo representa la puede encontrar en este link). Desafiante, abrumador y nostálgico a ratos, incluyó un cambio de país, de idioma, un nuevo laboratorio, el ejercicio de hacer amistades nuevas y el de mantener aquellas que no quería que se transformaran sólo en un recuerdo. También me permitió volver a escribir y arrimarme a un grupo que también disfrutaba hacerlo: un pasatiempo que sólo algunos antiguos amigos conocían y que luego se volvió ausente en los años en que el mesón del laboratorio fue la norma y las únicas notas eran números ñoños en una bitácora donde descansaban más números.

¿Pero sobre qué escribir? (y a quién hacerlo)

En 2016, los miembros de Incandescente.cl hemos tratado de acercar con palabras simples aspectos del quehacer de los científicos, enfocándonos en aquellos temas que por su cobertura mediática hacen que la gente se pregunte por la validez de lo que están escuchando. Quien escribe, ha tratado de prestar atención a dueños y dueñas de casa, profesionales y hombres y mujeres de negocios, encontrando que todos dudan y todos buscan respuestas. Nuestra misión estará cumplida si usted entiende la ciencia tras algunas decisiones que toma día a día y si puede identificar los errores (muchas veces involuntarios) que la gente comete cuando trata de justificar científicamente un punto.

En este contexto, nuestros artículos son escritos lentamente, investigando fuentes serias y evitando caer en el facilismo de escribir párrafos que, aunque suenen bonitos, es posible que no tengan sustento alguno (¡ustedes no se imaginan lo críticos que son los autores de este blog entre ellos a la hora de revisar un artículo!).

Hoy en la televisión e internet abundan clichés, frases que se repiten entre un comentario de Facebook y otro. Un fenómeno creciente alimentado por una población que, desconfiada con razón, ya no cree en fenómenos que antes dábamos por sentado.

En otras palabras, creemos que este medio es una forma de explicar pacientemente temas sobre los que sabemos, apoyando en ocasiones a nuestros propios colegas científicos que, abrumados por la maquinaria de las Universidades (UFFFF un tema para otro momento de fogata y guitarra), no quieren o no pueden explicar lo que hacen.

Los números de éste, nuestro primer año, son “bonitos”. ¡Y sólo llevamos 6 meses! Como amamos los datos les contamos que en incandescente.cl, donde publicamos nuestros primeros 11 artículos originales, nos han visitado 9.800 personas y algunos de nuestros posts fueron leídos hasta 3.500 veces. Esto nos da mucha felicidad porque descarta que sólo nuestros familiares entren a la página. Además en nuestro fantástico facebook tenemos más de 580 deditos para arriba, gente que reciba noticias publicadas diariamente sobre temas que no sabía que le podían interesar. 

¿Queremos aumentar estas cifras? Por supuesto, pues creemos firmemente que la divulgación es un paso para que la Sociedad, el Gobierno y la Industria valoren el trabajo científico.

En este punto, no fue muy fácil escribir lo que sigue, pero siento que representa y representará los artículos por venir en nuestro blog. Pues informar sobre ciencia no es tan llamativo como hablar de la nueva tendencia en ropa (o mostrar Pandas), situaciones populares pero de las que Ciencia está alejada.

Al cierre de este artículo le he llamado…

El manifiesto sobre la popularidad de la Ciencia:

La Ciencia no es (ni debe ser) “popular”.

Como los científicos no son (ni deben ser) “populistas”.

Buenos difusores, sí. Buenos maestros, sí. Jugados por cerrar el círculo del conocimiento ¡por supuesto! Socios, abiertos a la comunidad. Agentes que potencien el interés por el conocimiento científico a nivel social, industrial y gubernamental.

Pero es imposible ser “popular” porque simplemente los resultados de un experimento no cambian si estoy o no de acuerdo con ellos. Ni si mi amigo, enemigo o vecino está o no de acuerdo con ellos.

La sociedad, que busca el conocimiento, sorprendentemente reacciona de forma adversa si el conocimiento no le conviene. Pasó en la Alemania Nazi y en la Unión Soviética -para que nadie se enoje-, cuando los científicos fueron obligados a demostrar (cosa que finalmente nunca sucedió) la superioridad de la raza respectiva. Pasa hoy, cuando con alta tecnología le decimos a un anti-vacunas que la tecnología de las vacunas no es el problema o a un anti-transgénicos que la tecnología de los transgénicos no es el problema.

Hay empresas, personas, que hacen mal uso de la tecnología. Hay políticas que están mal implementadas y hay injusticias en el mismo campo laboral de los científicos. Todo eso existe. Pero la verdadera Ciencia (la de una célula produciendo una proteína o la de una estrella explosionando a 1 millón de años luz) esa no sabe de democracia, marchas, túnicas blancas, ni ningún concepto asociado a los que “es bueno”, “justo” o “social” hoy.

Difícil tarea (y desafío) para todos los científicos, que teniendo los argumentos técnicos, deben competir contra una persona que viste y habla según el estereotipo de lo que hoy se considera “natural”, aunque su única herramienta sea usar palabras “populares”, tener acceso a la TV y usar argumentos anti-establishment (que está de moda).

Mientras tanto, seguiremos intentándolo. ¡Feliz 2017 a todos! Y ahí va un pino científico

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Un pinito ñoño (encontrado en el blog Mrs. Smith’s Biology)
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