Chanta: En Chile, una persona “chanta” es una persona de poca credibilidad, que habla mucho y principalmente de cosas incoherentes, por ende también es un mentiroso. Viene del italiano ciancia, burla o mentira

Etimologías.deChile.net

De acuerdo con la RAE, la palabra mito posee cuatro acepciones o significados, siendo la cuarta “persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene“. Normalmente uno asocia “mito” a narraciones extraordinarias, aventuras vividas por seres con poderes sobrenaturales, o a personajes que engloban características humanas que son universales. Muchas de estas historias parten con ciertos hechos que las hacen historias “normales”, pero cada vez que se cuenta de nuevo, las personas van adornando la historia para hacerla más creíble o increíble según sea necesario.

El día de hoy les quiero contar la historia de Andrew Wakefield. Quizás el nombre no le suene para nada, pero si le digo que él fue el creador del mito que las vacunas producen autismo, quizás ahora lo tengan un poco más presente. Esta historia involucra acusaciones cruzadas, líos con la justicia, conflictos de interés y, por sobre todo, un artículo científico (lo que llamaré de aquí en adelante paper –se pronuncia “peiper”) esencialmente fraudulento.

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“Para nosotros, él es como Nelson Mandela y Jesús en uno solo” – J.B. Handley, fundador de Generation Rescue, grupo estadounidense que afirma que las vacunas causan autismo.

El origen de todo

Andrew Wakefield es británico y estudió Medicina en lo que hoy es la Escuela de Medicina del Imperial College en Londres. Se especializó en Gastroenterología, o el estudio del aparato digestivo, y de ahí prosiguió su carrera como científico en la Universidad de Toronto, Canadá, regresando al Reino Unido para continuar sus investigaciones en el Royal Free Hospital de Londres.

Es aquí en donde se encuentra el origen de la historia. En 1993, Wakefield propuso que el virus del sarampión podría causar la Enfermedad de Crohn (EC), una enfermedad crónica caracterizada por la inflamación de ciertas regiones del tracto digestivo, generalmente del colon y ciertas regiones del intestino delgado, y de origen idiopático, “del latín que significa ‘somos idiotas por no saber la causa de la enfermedad aún’” como dice el Doctor House. Según su paper, el virus del sarampión se podía detectar en 13 de 15 muestras de pacientes con EC, por lo cual él dedujo que el virus debía ser el causante de la enfermedad. De ahí en adelante, su línea de investigación se tradujo en una serie de publicaciones tratando de conectar la correlación observada (presencia del virus – enfermedad) con su propuesta (la causalidad, o sea que el virus causa la enfermedad).

Es aquí en donde se pone oscura la historia. Para 1995, el argumento de Wakefield incluía no sólo al virus del sarampión, sino que también a la vacuna contra el sarampión (por contener virus atenuado), como causantes de la EC y también de colitis ulcerosa. Con esta información en la mano, incluso quiso patentar un método de diagnóstico de estas enfermedades a través de la detección del virus en estos pacientes. Una patente, recordemos, es básicamente decir “esto se me ocurrió a mí y si lo quiere usar tiene que pagarme”.

Hasta ese momento, Wakefield estaba siendo atacado por todos lados, ya que nadie podía reproducir los resultados que él presentaba en sus papers. Me detengo un momento en la importancia capital que tiene la reproducibilidad de los experimentos en la Ciencia. Lamentablemente, la presión por publicar –y ser el primero en reportar algo–, derivada de la escasez de dinero para la investigación, está causando estragos en la Ciencia hoy en día. Nadie recibe premios Nobel por reproducir experimentos de otras personas, pero si no hay reproducibilidad, ¿cómo creerle a la Ciencia? Por ende, ¿cómo creerle a Wakefield sus argumentos, si al repetir sus experimentos, nadie pudo llegar a las mismas conclusiones que él?

La Manzana de la Discordia

Sigamos. En 1998, Wakefield publica en The Lancet, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, el primer paper en donde involucra la vacuna triple vírica (contra el sarampión, las paperas y la rubeola) como la causante de una enfermedad que él describió como “enterocolitis autística”. En palabras simples, Wakefield y su grupo propuso que la vacuna administrada a los niños determinó un cambio en su desarrollo, generando una nueva enfermedad, en una “teoría” que más o menos dice así:

  1. El virus del sarampión o la vacuna causa una infección persistente, localizada en los intestinos
  2. El paciente desarrolla una inflamación, lo que “rompe” el intestino
  3. El contenido del intestino, lleno de toxinas se filtra al torrente sanguíneo
  4. Las toxinas llegan al cerebro, causando autismo.

Como era esperable, el paper tuvo un impacto inmediato y con ello muchísima polémica. Pero lo peor estaba por venir: en una conferencia de prensa, Wakefield pidió que se bloqueara la administración de la triple vacuna hasta que se investigase más a fondo, o que se administraran tres vacunas en vez de la triple.

Wakefield versus el Mundo

Con todo esto, los diarios sensacionalistas británicos se dieron un festín. Antes del artículo de Wakefield, en el Reino Unido la vacunación llegaba al 92% total. Muchos de las grupos anti-vacuna se colgaron de las declaraciones de Wakefield, y la gente con hijos autistas (reunidas en un grupo llamado JABS) encontró un enemigo al cual culpar sus desgracias. Incluso el Primer Ministro británico de entonces, el laborista Tony Blair, fue atacado sin piedad por estos diarios (en su mayoría del ala conservadora y enemigos del Primer Ministro) porque él no quería confirmar si su hijo autista, Leo, había recibido la vacuna triple. Esto alimentó la teoría conspirativa de que “los políticos saben la verdad y la ocultan, ya que junto con los científicos están pagados por las grandes farmacéuticas”. La cantidad de gente vacunada en UK bajó drásticamente durante esos años, de 92% a un 73% en 2003, e incluso a niveles del 50% en ciertas partes de Londres.

Sin embargo, los resultados de Wakefield seguían sin ser reproducibles. Fue tanta la insistencia por parte de los científicos para que demostrara si sus resultados eran reales, que el Royal Free Hospital le ofreció dirigir un gigantesco estudio, a lo cual Wakefield se negó (!), dejando su cargo en 2001. De ahí se fue a Estados Unidos, en donde reside actualmente y es cabeza del movimiento anti-vacuna.

Ángel Malo

Si la historia ya era oscura, en 2004 se pone tremenda. Agarre un paquete de cabritas porque lo que viene es digno de guión de Hollywood. Es en este año en donde aparece en escena Brian Deer, el némesis de nuestro protagonista. Periodista de The Sunday Times, desde ese año comenzó a publicar una serie de artículos en el diario acusando a Wakefield de fraude. Deer comenzó a escarbar y encontró que el paper tenía conflictos de interés no declarados en su momento: dos años antes de que el paper fuese publicado, Wakefield fue contactado por un abogado, Richard Barr, el cual planeaba establecer una demanda en contra de los fabricantes de la vacuna triple vírica. El abogado le dio £55.000 (poco menos de 55 millones de pesos chilenos) para que llevara a cabo su investigación, y los pacientes que aparecieron en el estudio fueron derivados por el abogado al hospital en donde trabajaba Wakefield, o sea, fueron preseleccionados.

Nada de esto fue informado en su momento. Lo que vino después es de antología. Por supuesto que Andrew Wakefield se defendió y comenzó a amenazar con demandas y las penas del infierno al periodista. Por otro lado, diez de los doce autores del polémico paper (obviamente Wakefield no fue uno de ellos) trataron de arreglar en algo el problema y enviaron una carta a The Lancet, en donde cambiaron la interpretación del artículo (también llamada “la conclusión”) indicando que éste no demuestra ninguna causalidad entre las vacunas y el autismo.

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Parte de los artículos que Brian Deer publicó en The Sunday Times

Posteriormente, “se le vino la noche” a Wakefield: Deer descubrió en 2006 que Wakefield aceptó ser asesor científico de la demanda antes mencionada y recibió un sueldo personal de poco más de £400.000, unos ¡cuatrocientos millones de pesos chilenos! Como las prácticas truchas (falsas) son universales, estas platas fueron cargadas a nombre de la compañía de la esposa de Wakefield, al más puro estilo de las boletas en la política chilena. O sea, Wakefield fue contratado para producir datos que llevasen a creer que las vacunas, en particular la triple vírica, producen autismo, y con esta información, demandar a las empresas que fabrican la vacuna y recibir una compensación monetaria por ello. Ninguna revista científica de prestigio recibiría una publicación así de parcial, en donde una de las contrapartes tiene muchísimo que ganar si el paper es aceptado. Luego de esa tremenda revelación, Wakefield retiró todas las demandas contra Deer y tuvo que pagarle todos los costos judiciales.

Pero aún hay más. Deer acusó a Wakefield de arreglar los datos presentados en el artículo, de tal manera que calzaran con su teoría, ya que éstos no indicaban conexión alguna entre los virus y el autismo, y de actitudes reñidas con la ética profesional. Debido a todo lo anterior, en 2010 The Lancet decidió retirar el paper de sus publicaciones. Esto en lenguaje científico se llama “retractar” e implica que, en palabras simples, el paper jamás existió. El golpe de gracia para Wakefield llegó unos meses después. Luego de una largo proceso (iniciado el 2007 luego de las acusaciones de Deer), el General Medical Council (el equivalente al Colegio Médico) le quitó la licencia médica. Los cargos que recibió Wakefield incluyeron falseamiento sistemático de todos los datos de ese paper, de trabajar al filo de la ética al pagar 5 libras esterlinas por muestra de sangre de un paciente ¡durante la fiesta de cumpleaños del niño!, y ordenar exámenes sin informar a sus pacientes. Wakefield fue encontrado culpable de todos esos cargos.

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Andrew Wakefield tras ser despojado de su licencia médica en 2010. Nótese el tremendo cartel que dice “scape-goat” o “chivo expiatorio”

¿Epílogo?

Actualmente, Andrew Wakefield continúa como un activista anti-vacuna en los EEUU. Escribió una autobiografía relatando su “calvario” en donde culpa a las grandes farmacéuticas de la destrucción de su carrera como médico e investigador, indicando que Deer sería un “matón a sueldo” de éstas. Los grupos anti-vacuna lo elevan a la categoría de mártir, de chivo expiatorio, de un tipo que lucha contra la maldad del sistema, y le compran todo. Wakefield incluso dirigió un documental anti-vacuna llamado Vaxxed, que fue retirado del festival de cine Tribeca 2016, en donde describe todo el proceso de investigación para su paper y la lucha de los grupos anti-vacuna, “olvidando convenientemente” que su paper fue retractado y que él fue despojado de su licencia médica en el Reino Unido por chanta. Los anti-vacuna claman que el documental fue “censurado” ya que fue sacado de cartelera tras protestas de científicos.

¿Recuerda el tremendo artículo en donde le explicaban que había que fijarse en la fuente? Este es un caso ideal para ejemplificar el punto: las conclusiones en el paper de Wakefield están distorsionadas por el acuerdo que firmó con el abogado, ya que manipuló convenientemente los datos para lograr encajar su “teoría” y así tener sustento científico para las demandas en preparación. Al final, y lo digo con total responsabilidad, este es el caso de un científico chanta que quiso hacerse millonario de la noche a la mañana, a costa de los programas de salud pública mundiales y quizás de cuántas vidas de niños y niñas en el mundo, generando pánico en la población y trayendo de vuelta enfermedades que se creían erradicadas.

Hay que destacar que Wakefield nunca ha sido acusado penalmente por todos los desastres que su paper ha causado, y su “teoría” ha sido rechazada innumerables veces por varios estudios independientes. Últimamente se pueden encontrar grandes estudios de más de 95.000 niños en donde no encuentran relación entre la triple vírica y el autismo, e incluso hay estudios financiados por grupos anti-vacuna que indican que no hay ninguna relación entre las vacunas y el autismo. Quiero ser claro en esto:

UN ESTUDIO PAGADO POR GRUPOS ANTI-VACUNA NO ENCUENTRA NINGUNA RELACIÓN ENTRE LAS VACUNAS Y EL AUTISMO.

Oh, la ironía.

Al principio hablaba de mitos. Los mitos mutan, se transforman, van cambiando para sobrevivir. Se transmiten de boca en boca y poco o nada tienen que ver con su idea original. La idea de que el autismo es causado por las vacunas está totalmente descartada, pero ahí está insistentemente, negándose a desaparecer. Usted, querido lector, se preguntará por qué este mito en particular se niega a morir, y la respuesta está en que el mito mutó y ya no le echa la culpa al virus, sino que al timerosal. “Aah, ése lo he escuchado” dirá Ud. Pero ésa es otra historia, en donde otro Gran Chanta de la Ciencia hace su aparición. En realidad son dos chantas, a falta de uno. ¡Hasta la próxima!

Otras fuentes :

http://www.slate.com/articles/health_and_science/medical_examiner/2010/06/wakefields_first_try.2.html

http://briandeer.com/mmr/st-mmr-reports.htm

https://www.theguardian.com/society/2013/apr/25/mmr-scare-analysis

Colección Grandes Chantas:

Vol I: El Dr Dencil

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