fuente de información

Cuando escuchamos cualquier información -ya sea en la radio, la televisión, a un pariente, a un amigo o a un desconocido- nos preguntamos (o al menos debiéramos preguntarnos) si creer o no dicha información.

Generalmente, la decisión de “creer o no creer” la tomamos de acuerdo al nivel de confianza que tenemos en la persona que nos transmite la información y probablemente para afirmaciones triviales eso es todo lo que debería importarnos. Cuando un amigo nos dice que viene atrasado porque se topó con un accidente de tránsito, probablemente existirán dos posibilidades: Si nuestro amigo es una persona puntual, muy responsable y a quien rara vez hemos visto mentir, nos sentiremos inclinados a creer que efectivamente hubo un accidente de tránsito en su camino y eso ha causado el retraso. Por otro lado, si nuestro amigo es alguien constantemente impuntual o alguien que suele mentir, nos sentiremos fuertemente inclinados a desconfiar de la veracidad del accidente de tránsito y pensaremos que se quedó dormido o se distrajo.

Aunque mucha gente está decepcionada de la sociedad, yo soy más optimista y no creo que el mundo esté lleno de personas que mientan en forma deliberada. De ahí que el título de este artículo argumente que el problema no es Pinocho. A pesar de esto, no soy tampoco una persona inocente y siempre que una información sea importante para nosotros, debiéramos preguntarnos el nivel de confianza que nos produce la persona o institución que la transmite.

Pero el foco de este artículo no son los Pinochos de la sociedad, enquistados en posiciones de poder económico o político, ni los amigos o parientes mentirosos que todos tenemos.

Pinocho 2.jpgImagen de la película Pinocho (1940) de Walt Disney Pictures

El problema y foco de este artículo es “La Fuente”.

Cuando la información es de carácter más técnico, lo que debiéramos preguntarnos es si la persona sabe o no de lo que está hablando. Es decir, debiéramos preguntarnos por el nivel de conocimiento de la persona que nos transmite la información. Por ejemplo, todos tenemos una tía vieja (yo no, todas mis tías son jóvenes y bonitas) que alguna vez nos ha dicho “pero mijit@, tómese esta pastilla. Si a mi el doctor me la dió y me hizo súper bien”. Y la tía vieja es muy bien intencionada y jamás nos ha mentido… Sin embargo, la tía no es médico y su recomendación está basada en su observación de que nuestros síntomas son en su opinión muy parecidos a los que ella tenía. Aún suponiendo que nuestra tía sea una excelente observadora y, efectivamente, nuestro síntomas sean los mismos, lo que la tía no tiene formación para saber es si ese medicamento será igual de efectivo e inocuo para nosotros que para ella. Es posible que ese remedio sólo tenga efecto en tías viejas y no en jóvenes, o que el medicamento sea letal para menores de 40. Por supuesto, estoy ridiculizando la situación. Pero el punto es que esa información nos la dió una persona en la que tenemos un alto nivel de confianza, pero que tiene un bajo nivel de conocimiento del tema.

Pero entonces, ¿a quien le creemos?

¿Quiénes son buenas fuentes de información?

Si tuviera que dar una receta, primero pregúntese si confía en la persona que le transmite la información. Si se trata de una persona pública o institución, la confianza debiera estar definida por la neutralidad de la persona o institución. Por ejemplo, si el verdulero de la esquina nos dice que tiene los mejores tomates de todo el país, bueno… puede que sea cierto… sin embargo, como dicen por ahí “viene de cerca la recomendación”: el verdulero no es una persona neutral para hablar de sus tomates, porque tiene interés en que se vendan. Eso es lo que se denomina conflicto de interés y en los trabajos científicos, los investigadores estamos obligados a declarar si es que tenemos conflictos de interés. Si mi investigación sobre los efectos del medicamento X los paga la industria farmacéutica que vende el medicamento X, entonces se me obliga a declararlo.

Suponiendo que usted ha decidido que su nivel de confianza en la fuente es alto, entonces lo segundo que debe preguntarse es cual es el nivel de conocimiento que tiene sobre el tema su fuente de información. Siguiendo con la historia del verdulero, probablemente el sepa mucho de la calidad de los tomates, su forma, su textura, su sabor… y probablemente también, sepa poco acerca de los pesticidas que se usan para su cultivo. Y ojo, que el nivel de conocimiento no se trata de la inteligencia de la persona que nos transmite la información: Stephen Hawking (“el paralítico ese” como dijera Homero en un capítulo de Los Simpson) es experto es astrofísica, sin embargo probablemente sepa muy poco de la elaboración de transgénicos. Por lo tanto, si Stephen Hawking le dice que no coma (o que coma) alimentos transgénicos: no le crea “a pies juntillas”. Él es una persona muy inteligente con un campo de especialidad muy definido y ese campo de conocimiento no es la producción de alimentos transgénicos.

Con esta historia quiero decir que hay gente muy confiable, que es muy inteligente y que es experta en un área de conocimiento: sin embargo nadie sabe de todo.

Stephen HawkingStephen Hawking

Y aquí quiero detenerme para tocar un tema muy importante: existen distintos niveles de conocimiento de un tema. Por ejemplo, si usted está enfermo del estómago, sabe más del tema un médico que su tía vieja. Sin embargo, dentro de los médicos existen muchas especialidades y –en ese contexto- de su dolor de estómago sabe más un gastroenterólogo que un dermatólogo, y sabe más el gastroenterólogo experto en estómago que el experto en vesícula biliar. Y aún más, dentro de todos los gastroenterólogos expertos en estómago, probablemente hayan un par que han sido muy premiados a nivel internacional y que todos sus colegas admiran… Si usted tuviera la posibilidad de escoger a su médico, probablemente querría escoger a ese renombrado médico.

Entonces para resumir, la lista de cosas a evaluar para saber si creerle a “La Fuente” sería: 1) ¿es una persona confiable?, 2) ¿es una persona neutral?, 3) ¿tiene conocimientos en el tema? y 4) ¿qué tan profundos son esos conocimientos en el tema?.

Para terminar, quisiera tocar muy superficialmente un tema: el manejo de la información científica. Cuando los medios, las agrupaciones extremistas, los publicistas, los políticos o quien sea, quiera hacer que usted crea algo que no es cierto probablemente va a usar las siguientes estrategias: 1) lo va a tratar de convencer que la persona que se lo dice es confiable y una buena persona; 2) lo va a hacer creer que esa persona no tiene ningún interés en que usted le crea; 3) si es posible, le va a mostrar que la gente que se parece a usted o con la que usted se identifica, también cree dicha información (su tía vieja, su hermana y su mejor amiga, también creen dicha información) y 4) lo va a hacer creer que esa persona es experta en el tema que está hablando. Por esta razón, cuando crea que la información científica está siendo manejada: confirme dos aspectos fundamentales: la neutralidad de la fuente y el nivel de conocimiento de la fuente.

Si usted corrobora que se encuentra ante una buena fuente de información, no habrá Pinocho que pueda engañarlo.

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