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Dra Marcela Gatica Andrades, Bioquímica U Chile, PhD en Inmunología University of  Queensland, Australia. Postdoc en el Max Planck Institute for Infection Biology, Berlin, Alemania.

Les contaré un poco de cómo llegué al mundo de las ciencias. Desde chica fui súper curiosa y solía visualizarme como una “científica loca” (imagen que, debo decir, no está totalmente alejada de la realidad…).  Soy serenense y en aquellos años tuve la oportunidad de participar en la feria científica de colegios FIDE, que en ese entonces se hacía en el colegio de hombres Seminario Conciliar  (oportunidad perfecta para ir a “vitrinear”). El mundo vivía una revolución científica por ese entonces, tanto por la publicación de la secuencia completa del genoma humano (trabajo que tomó 10 años, hoy en día, entiendo, no toma más de una semana) y el anuncio del primer mamífero vivo clonado: la famosa oveja Dolly (Q.E.P.D.). Todas estas experiencias no hicieron más que reafirmar mi gusto por la investigación y fue así como, después de un verano de despedidas y un mega carrete en Guanaqueros, agarré cama y petacas y me mandé a cambiar a Santiago para estudiar Bioquímica en la Universidad de Chile. Y la verdad es que no me equivoqué.

Si bien los primeros años de la carrera pueden ser un poco insípidos (para quienes nos gusta el área de la biología), la disfruté mucho, en especial el cómo analizábamos crítica- y específicamente cada mínimo detallito que podía conducir a una enfermedad. Fue así, como descubrí mi amor por la Inmunología, ciencia que, en resumidas cuentas, estudia como nuestro cuerpo se defiende de agentes externos, pero también lo que sucede cuando se le pasa la mano y se ataca a sí mismo o, todo lo contrario, y le da la oportunidad al cáncer de aparecer.

Comentario aparte, no puedo dejar de mencionar que el ambiente pluralista que se genera  y la tremenda gama de opciones de formación profesional y general que entrega la UCHILE, me hicieron disfrutar mucho mis estudios y crecer a pasos agigantados. Tuve la suerte además de poder hacerme de muy buenas relaciones afuera de la U, que enriquecieron tremendamente mi vida y formación personal, aquí destaco mi paso por la tremenda institución que es la Fraternidad Juvenil A.P.E.. Seguimos… al salir de la U tuve un “golpe de suerte”, ya que justo el gobierno lanzó el programa de Becas Chile. Postulé, y me adjudiqué una para hacer mi doctorado en la University of Queensland en Australia.

Debo decir que, con todos sus bemoles, esta beca es realmente una gran oportunidad, ya que no sólo me financió completamente mis cuatro años de doctorado, cosa que la mayoría de las becas internacionales no hacen, sino que además me financió estudios de inglés. Este punto es crucial, ya que en Chile tenemos incontables personas con tremendo potencial, pero nuestro conocimiento deficitario del inglés nos cierra puertas. No les contare aquí de mi paso por Australia, ni como este país me abrió los ojos al mundo, ni de todas las personas que conocí, ni países cercanos que visité, ni de mis experiencias y como marcó un antes y después en mi vida….durante mi doc tuve un entrenamiento fuerte en inmunidad innata a infecciones bacterianas, es decir, como nuestro cuerpo se defiende de infecciones causadas por bacterias.

Al terminar, decidí seguir explorando el mundo por un ratito más y, de paso, seguir perfeccionándome, para poder aportar de la mejor forma en mi regreso a Chile (sí, anhelo volver y trabajar por el país). Miré el mapa, “nunca he estado en Europa” pensé…luego busqué buenos centros de investigación en mi área que estuvieran en ciudades en donde también pudiese realizarme al máximo en lo personal y, bueno, heme aquí en Berlín escribiendo esta biografía. Ahora estoy en el Max Planck Institute for Infection Biology, sigo en el tema de las infecciones bacterianas, pero más enfocada al cómo estas pueden generar cáncer. Hasta la hora parece que no me he equivocado con mi elección, ya que, sin duda esta debe de ser la mejor ciudad en la que he vivido.

Por último, decir que todo este viaje de vida que me he pegado desde que salí de la burbuja del colegio, ha sido gracias el tremendo apoyo que he tenido, en especial de mi familia, pero también, como buena idealista, siempre he tratado de hacerme camino al andar. No soy una persona brillante ni mucho menos, pero sí, muy crítica y una apasionada y entusiasta por las cosas que me hacen sentido. Creo que eso es todo lo que se necesita para salir adelante y, ah, por supuesto, disfrutar lo que se hace, de lo contrario no sirve de nada. Gracias por darte el tiempo para curiosear quienes estamos detrás de este lindo proyecto.

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Dr Italo Espinoza-Fuenzalida, Bioquímico U Chile, PhD en Canales y Transportadores Iónicos, University of Manchester, Reino Unido.

Mi vida como científico está fuertemente ligada a mi segunda pasión, que es la docencia. Recuerdo que desde pequeño ayudaba a mis compañeros con las tareas, algo que mi madre me pedía que hiciera. “No sacas nada con ser el mejor si no puedes ayudar al resto” me dijo ella una vez.

Soy hijo de la Educación Pública (sí, con mayúsculas), sin ella no hubiese tenido las oportunidades que se me dieron, las cuales aproveché al máximo. Egresado del Instituto Nacional (en el cual ya hacía monitorías a mis compañeros en 7mo básico) ingresé a Bioquímica en la Universidad de Chile, ya que en esa PAA no me alcanzó el puntaje para Medicina, jaja. Uno de mis grandes mentores en la vida, mi tío materno Juan Carlos, eterno funcionario de la sede Oriente de Medicina de la Chile, me dijo “esta carrera (BQ) es precisa para ti. Vas a aprender harto y, si no te gusta, pues das la prueba de nuevo”. Y la carrera me gustó: el ser investigador, con mi natural curiosidad, y estar ahí al límite del conocimiento, donde las papas queman, me llamaron la atención. Además, con la carrera académica, uno puede terminar haciendo clases en la Universidad, a la par de realizar investigación. “Preciso para mí”, me dije.

Ya con la carrera terminada, tras una caótica tesis de pregrado en el lab de la Dra María Angélica Carrasco (QEPD) y de la Dra Cecilia Hidalgo (Premio Nacional de Ciencias Naturales 2006), también dirigida por la Dra Tatiana Adasme, llegó el momento de decidir si hacer el PhD en casa o lanzarme a la vida, decantándome por la segunda opción por varias razones, entre ellas el hecho de vivir solo y aprender inglés perfectamente, ya que la lingua franca de la ciencia es el inglés. Postulé a la Beca Chile y me la gané, con lo cual me vine a hacer el PhD a Inglaterra. De Puente Alto a Manchester, sin escalas. Y todo gracias a las herramientas que me dio la Educación Pública. Sin ellas no sé dónde estaría, si mi papá era chofer de camiones y mi mamá era lavandera, ambos sin educación superior.

Tras cuatro años finalmente soy Doctor en Canales Iónicos y Transportadores, que es un nombre bonito para decir que soy experto en un par de cosas que le interesan a un par de personas en el mundo, jaja. Pero la idea de comunicar lo que sé ,y de ayudar a la gente en comprender un poco más el mundo, es lo que me motiva a escribir y participar de este proyecto. ¡Bienvenido/a a Incandescente!

 

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Dra María de los Ángeles Juricic Urzúa, Bioquímica y MSc U Chile, PhD (c) U Chile.

Hola! Este espacio está diseñado para contarles quién soy y cómo llegué a la ciencia… La verdad, pienso que mi llegada a la ciencia fue orquestada por un conjunto de influencias familiares, aptitudes personales y accidentes de la vida… y aquí, trataré de dar una pincelada sobre aquéllos hechos que fueron más relevantes para que hoy esté tras el computador tratando de escribir una biografía.

Nací en Santiago y viví toda la infancia que recuerdo en Ñuñoa y Providencia. Un hecho extraordinario de mi infancia es que tuve la infrecuente fortuna de tener a mis dos padres en la casa. Esto fue una tremenda suerte para mí como niña porque siempre los tuve conmigo, 100% disponibles… Pienso que la dedicación de mis padres a mi educación y su influencia fue lo que guió mis primeros pasos hacia la ciencia.

Mi mamá, es una mujer extraordinariamente metódica e inteligente y muy paciente… La recuerdo desde muy chica, enseñándome a leer con el silabario y ya desde kinder ayudándome a hacer las tareas, sentada al lado mío con santa paciencia, mirando como destruía los trabajos manuales (siempre he tenido la motricidad fina de una retroexcavadora). Le debo a ella el haber aprendido a estudiar, el ser metódica y estructurada… todas habilidades que han sido extremadamente útiles para el trabajo científico y la vida en general.

Pero probablemente la mayor influencia familiar para dedicarme a la ciencia fue mi papá. Si tuviera que definir a mi papá, es un hombre curioso, culto y muy inteligente… Hasta el día de hoy, cada vez que nos vemos siempre tiene algo nuevo que contarme: un artículo científico que leyó, un documental que vió, etc. Lo recuerdo desde que era muy chica, enseñándome cosas científicas, principalmente ecología (gracias a sus estudios de Ingeniería Forestal) y, gracias a que estudió Filosofía, lo recuerdo enseñándome la etimología de las palabras… latín y griego… sorprendentemente, más de una vez ha sido útil. Le debo a él el interés por la ciencia, el que haya explotado y formado la curiosidad que trae todo niño y le debo también la capacidad de dudar, criticar y analizar la información que se me entrega… capacidad que si bien es útil para el ejercicio científico, reconozco que es un desagrado en las relaciones sociales.

En el colegio, pienso que lo más importante fue el método de aprendizaje que teníamos, la educación personalizada y el sistema de autodisciplina… Eso, junto con el refuerzo de mis papás, me formó para trabajar presionada por mi propia curiosidad y mi propio sentido de cumplir. A pesar de todas estas cosas buenas, mi colegio era académicamente bien malo y yo salí convencida de que era muy buena para las ciencias y que las ciencias eran muy fáciles… craso error, me fui “a punta de rojos” todo el primer semestre de la U.

Una característica personal, que marcó mi infancia, mi adolescencia y mi adultez, fue mi gusto por leer y escribir… Leía todo lo que caía en mis manos y me gustaba muchísmo escribir, participé en varios talleres de literatura y creo que tenía cierta habilidad… no como para destacar, pero lo disfrutaba mucho. Tanto era mi gusto por la literatura, que cuando estaba en cuarto medio y di la PAA (si, la PAA), mis opciones eran estudiar Bioquímica o Literatura. Finalmente, descarté Literatura y no quedé en Bioquímica en la Chile (que era la única universidad que me interesaba) y entré a estudiar Química en la Chile. Después de un par de años, logré cambiarme mediante transferencia interna a Bioquímica, carrera que me llenó completamente.

Quiero destacar que para mí una de las cosas más importantes de la universidad, más allá de los excelentes profesores que en general tuve, fue la suerte de caer en un curso excepcional… Éramos alrededor de 30 estudiantes en esa generación de Bioquímica y éramos una buena generación, tuve compañeros que siento que con su inteligencia y curiosidad, nos tiraron a todos para arriba y siempre agradeceré el haber podido compartir los estudios con gente que me hizo exigirme al máximo. En ese sentido, me permito dar una opinión sobre la educación superior: no todo es el acceso a la educación, la calidad es fundamental… y en la calidad, no son sólo los profesores los que te enseñan, sino también los compañeros que te rodean y te exigen. Me permito también agradecer a la Universidad de Chile, en la Chile se respira pluralidad, cultura y conciencia social. La Chile es, en todo sentido, una Universidad.

Creo que en buena parte el estar en un ambiente tan estimulante determinó que quisiera dedicarme a la investigación y no ir a buscar una pega normal en una empresa normal con un sueldo normal (me quedé con la pega rara de investigador, en la universidad y con un sueldo de tesista doctoral).

Al salir de Bioquímica hice mi tesis de Magíster en un lugar excepcional con quienes considero que fueron mis mentores científicos… no es que yo sea alguien en ciencia, porque no lo soy… sin embargo, ellos me formaron en el rigor científico y cómo trabajo es gracias a ellos: la Dra. Amalia Sapag y el Dr. Yedy Israel del Laboratorio de Farmacoterapia Génica. Dos grandes científicos, dos grandes personas. Les debo desde saber cómo escribir un proyecto y cómo agarrar una micropipeta, hasta cómo exponer mi trabajo. Me siento afortunada de haber trabajado con ellos, al igual que creo que lo sienten todos aquéllos que han pasado por su laboratorio.

Este era un momento crucial en mis estudios… podía seguir con el doctorado o buscar una pega normal… Bueno, aquí la culpa la tiene Sebastián –entonces mi pololo, hoy mi marido- quien me motivó a que siguiera exigiéndome al máximo y que me metiera de lleno en la carrera científica. Por eso entré al Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Chile, no me fui fuera de Chile, escogí hacer mi carrera acá por motivos personales. Actualmente, estoy (al fin!!!!!!) terminado mi doctorado en el área de Neurobiología y pensando nuevamente que haré con mi vida y los conocimientos que he adquirido.

Y ahora… me embarco en este proyecto Incandesente para tratar de devolverle la mano a la sociedad y entregar todos los conocimientos que mi formación y ejercicio científico me permitieron adquirir.

Gracias por leer esta seudo-biografía, me alegro de que puedan conocerme un poquito más.

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Dr Rodrigo Aguilar Maureira, Bioquímico U de Concepción, PhD en Biociencias Moleculares Universidad Andrés Bello. Investigador postdoctoral Massachusetts General Hospital – Harvard Medical School.

Hijo de profesores, papá Normalista, la escuela del rigor resultó ser agradable para este extraño ser. A diferencia de otras mamás, la mía me regalaba libros si me iba bien en la escuela, lo que curiosamente despertó en mí una pasión por escribir hasta que las Ciencias poco a poco tomaron el control.

Mi infancia la pasé entre Quillota, mi tierra natal, y Valparaíso-Viña del Mar, hasta que por esas cosas de la vida llegué sin entender mucho a la gloriosa comuna de San Vicente de Tagua Tagua a hacer el 7º básico. Hijo de la buena educación pública, gratuita y de calidad, en la Escuela Carmen Gallegos, Patricio Morales me dio un lugar en la revista Te Tinca donde di mis mejores pasos escribiendo locuras. En el aún más glorioso Liceo Ignacio Carrera Pinto, encontré en la rigurosidad de Claudia Vildósola (Química) y Juan Pablo Cabezas (Matemáticas) el camino de las Ciencias. Algo nada fácil y mucho menos popular. Eramos apenas nueve en el electivo de Química (en un liceo con 400 alumnos en 4° Medio). Qué valientes. Fue así como estudié Bioquímica en la Universidad de Concepción motivado por su gran perfil clínico (sí, yo era de esos bichos raros que comparó las mallas de Bioquímica de cada Universidad) y por esas vueltas de la vida terminé en el Olimpo (como llamábamos al edificio de Biología Molecular y Celular) jugando a hacer investigación bajo el alero de Marcia Puchi, una de las fundadoras del Departamento. En Concepción también conocí a Valentina, también Bioquímica, mi pareja por 12 años y esposa hace casi 3. Qué paciencia la de ella. Mi doctorado lo hice en Santiago, bajo la guía del Dr. Martín Montecino, lugar donde aprendí cómo se gobierna lo que producen o no los genes y cómo las células van especializándose en lo que son.

Hartos trasnoches, cambios de casas, una fiesta de matrimonio, varias aventuras para aprender a querer Santiago y nueve papers después, escribo estas líneas en una calurosa noche en Boston, Estados Unidos. Llegué a trabajar a Harvard tras un empujón de la Dra. Alejandra Loyola de la Fundación Ciencia & Vida y el consejo del Dr. Montecino que definió todo: “apuestas arriesgadas pueden crear resultados destacados; apuestas conservadoras crean resultados…(pausa y mueca de desagrado) conservadores”. A pesar de tener una relación de amor y odio con CONICYT (la entidad gubernamental que financia a la mayoría de los científicos chilenos) sigo pensando en volver a Chile a aportar y formar gente que sea mejor que yo. Veo a Chile como un faro en Latinoamérica. Hay tanta gente talentosa que sólo falta que los que toman las decisiones quieran picar menos piedras.

Llegar a la comunidad en general y contar con palabras simples lo que hacemos los científicos es lo que me motivó a contribuir a Incandescente. También resucitar al escritor que de niño contaba relatos simples en la revista de la escuela. Considero que la meta está cumplida si al menos una persona a la vez dice “aaaah por esto debo hacer tal cosa”. Como vacunarse, por ejemplo.

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